Cuando me preguntan por las razones de mi choque frontal contra el endurecimiento de penas y el abuso de la prisión preventiva, junto con mi apuesta casi irracional por las medidas penales alternativas y las condenas de corta duración, todo ello en aras al mantenimiento de un derecho penal garantista, esgrimo un peligro real: que la justicia se equivoque estrepitosamente.

En Estados Unidos, con un derecho penal menos garantista y más represivo que el nuestro, 118 personas condenadas a pena de muerte han sido absueltas de todos sus cargos posteriormente desde 1976, salvándose finalmente de un final injusto. Sin embargo, estas personas, consideradas inocentes a posteriori, recibieron un inmerecido castigo pasando varios años en el corredor de la muerte (la media de tiempo estimada es de diez a quince años).

En total, estas 118 personas sumaron un total de 1.125 años en prisión. De media, cada uno de los absueltos pasó más de 9 años preso. El estado les robó una parte de sus vidas, y no tiene intención de devolverselas. (Infografía vía Good.is)

Cómo podemos ser tan diferentes y a la vez tan parecidos