Philip Spagnoli publica hoy en su excelente blog sobre derechos humanos un interesante dilema legal y moral en base a un reciente caso de intento de suicidio. Os traduzco la historia, que es la siguiente:
 

“El 14 de marzo, Bei Bei Shuai cumplirá un año en la cárcel del condado de Marion, Indiana. ¿Su delito? El fiscal habla de tentativa de feticidio y asesinato. Lo que en otras palabras es: un intento de suicidio durante el embarazo. En diciembre de 2010 Shuai estaba empezando a trabajar en un restaurante chino en Indianápolis con su novio, Zhiliang Guan, del cual estaba embarazada de ocho meses. Justo antes de Navidad, él le dijo que estaba casado y que tenía otra familia, con la que regresaba. Cuando Shuai le rogó que se quedara, él le arrojo dinero en ella y la dejó llorando de rodillas en un parking. Desesperada, se envenenó con mataratas y escribió una carta en mandarín diciendo que se suicidaba y que “tendría a este bebé conmigo en el Hades”; unos amigos consiguieron llevarla al hospital justo a tiempo para salvarle la vida. Ocho días más tarde , su hijo, Ángel, nació por cesárea y murió de una hemorragia cerebral a los cuatro días. Tres meses más tarde, el fiscal recién electo, Terry
Curry -demócrata- presentó cargos en su contra, alegando que el veneno para ratas que casi mató a Shuai había matado a su bebé. Si es declarada culpable, se enfrenta a entre cuarenta y cinco y sesenta y cinco años de prisión.”(Fuente)

 

El caso es lo suficientemente complejo como para suscitar un amplio debate. ¿Debería ser declarada inocente o culpable? ¿Es una acción moralmente reprobable, vista la situación en la que se encontró?