Hace unos días la coordinadora de la Sociedad Española de Criminología Shaila Villar revelaba la cruda realidad de las salidas laborales del criminólogo en una entrevista en el diario La información, además de denunciar cierto apalancamiento de las universidades, que han olvidado por completo en sus planes de estudio la necesidad de abrir un campo de salidas laborales reales que hasta ahora han brillado por su ausencia.
Comparto plenamente su visión crítica con las universidades, que se aprovechan del tirón de series como C.S.I sin aclarar a los alumnos de qué trata en realidad la carrera, y qué perspectivas de futuro tienen. Como comenta Shaila Villar, las notas de corte son cada vez más altas para acceder al grado de criminología, y las matrículas universitarias no son precisamente baratas. Por ello, debemos ser serios y informar a chavales de 18 años cuyo desconocimiento de la situación es lógico. En cambio, las universidades lo saben, y como tal es su obligación informar previamente.
Así mismo, creo que nos hace falta a la vez un poco de autocrítica que nos pueda hacer avanzar en la incertidumbre en la que nos encontramos a día de hoy a nivel profesional. Uno de los errores que cometemos es pensar que será suficiente con nuestra opinión sobre la utilidad que tiene la criminología. No basta con que digamos que puede traer beneficios en los diferentes estamentos públicos y privados, sino que además tenemos que demostrarlo. Puedo decir que soy muy bueno, pero además tengo que serlo. Y actualmente la única vía para conseguirlo, teniendo en cuenta que no hay dinero público en España, es a través de las diferentes iniciativas particulares privadas que fomenten salidas prácticas para los criminólogos. Podemos seguir reclamando nuestro lugar en las instituciones públicas, pero ya sabemos cual será la respuesta. Así que no nos queda otra que demostrar con hechos que se equivocan cuando no cuentan con nosotros.
Ayer Janire Rámila compartía en su blog algunas opiniones sobre el mismo asunto, con una perspectiva positiva que creo que marca el camino a seguir: “Hace poco hablaba con los alumnos de Criminología de la Universidad Camilo José Cela sobre las salidas laborales del criminólogo y les mencionaba precisamente que en la prevención del delito se encuentra una de nuestras salidas laborales. Solo hace falta gente con iniciativa y con ganas de dedicarse a ello, ya que, como he dicho, apenas existen políticas preventivas desarrolladas desde ayuntamientos o diputaciones. Otra cuestión será, claro está, que los organismos apoyen a esos emprendedores económicamente, pero todo es intentarlo. Si pensásemos solo en lo que nos va a dar una estabilidad económica desde el primer minuto, muchas grandes ideas habrían quedado en la cuneta. Debemos pensar que estamos en un momento histórico para la Criminología española, en ese instante en el que todo es posible, en el que la gente con iniciativa puede desarrollar sus ideas casi sin competencia. Un futuro abierto y aún por explorar.”
Creo, como comenta Janire, que las iniciativas de éxito irán más allá de la búsqueda de una estabilidad económica. Probablemente ello lleve a la gran mayoría a renunciar a la criminología, pero los que de verdad tengan pasión por la disciplina lanzarán proyectos innovadores, que vayan más lejos incluso que las posibles salidas laborales planteadas hasta ahora. Hacen falta ideas y también muchas ganas de hacer las cosas, pero actualmente hay un amplísimo espacio para explorar y experimentar los diferentes caminos del criminólogo. Estoy seguro de que con las nuevas generaciones de graduados, que por otra parte terminan  la carrera más jóvenes que los que realizábamos la licenciatura, proporcionarán la fuerza suficiente para sacar adelante al criminólogo como profesional. Y ahí, las universidades deben espabilar para proveer de las herramientas indispensables para conseguirlo.