Durante todo el día de hoy la noticia de portada ha sido la detención de un jóven de 21 años que pretendía atentar en la Universitat de les Illes Balears imitando, según se ha podido extraer de su blog y de diferentes comentarios proferidos en la red, la masacre de Columbine en 1999. Sin embargo, un muy buen trabajo policial unido a una inflexible política armamentística en España han facilitado que una hipotética reproducción de la masacre haya sido neutralizada en una fase primaria, ya que el detenido no ha podido siquiera preparar los explosivos con los que pretendía atentar.

Y es que Mallorca no es Columbine, como España no es Estados Unidos, algo de lo que deberíamos sacar pecho y que debería tenernos más tranquilos. La restricta política de concesión de armas existente en nuestro estado es responsable en gran parte de que ideaciones como la de este jóven palmesano sean difícilmente realizables. Antes de encargar el material para fabricar los explosivos, Juan Manuel quiso adquirir en varias ocasiones armas sin éxito. Pero no pudo conseguir su objetivo. Tampoco se le concedió la licencia de armas que solicitó en su momento. Sí pudo obtener varias substancias explosivas y químicas, pero el rastro que había ido dejando levantó las consiguientes sospechas del cuerpo policial. El tráfico legal y ilegal de armas no es habitual ni en la isla ni en el resto de España, y es lógico que la adquisición de tal cantidad de material provocara que se le siguiera la pista.

En cambio, si esta misma acción hubiera sido realizada en Estados Unidos, teniendo en cuenta el ingente movimiento del mercado armamentístico tanto legal como ilegal, seguir la huella en un caso así se hace mucho más complicado. Para haceros una idea, os muestro un par de datos que reflejan la abismal diferencia en lo que respecta uno y otro país (Small Arms Survey, 2007)

• Alrededor de 650 millones de armas de fuego son pertenencia de civiles en todo el mundo. De dicha cantidad, Estados Unidos ostenta ni más ni menos que 270 de dichas armas. En España la cantidad de armas de fuego en manos de civiles se estima en 4 millones y medio.

• Los cálculos a la baja estiman que 83 de cada 100 estadounidenses poseen un arma de fuego, mientras que las estimaciones más elevadas hablan de 97 de cada 100. En España, solo 11 de cada 100 personas poseen un arma de fuego.

Es evidente que con cifras tan elevadas de armas en manos de ciudadanos el control sobre las mismas se haga casi imposible. En cambio, cuando la concesión de licencias y la posesión de armas tiene una estimación tan baja, el control del flujo de mercado por parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado es más sencillo (que no quiere decir fácil). 

Hay que darle el valor que merece a la ley como factor fundamental en la prevención de la delincuencia, pues es capaz de salvar un número considerable de vidas antes siquiera que se pueda plantear la comisión de un delito. ¿Qué hubiera pasado si Juan Manuel se hubiera topado con una política de concesión de armas más flexible? Ahí sí, Mallorca quizá se hubiera parecido a Columbine.