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Emprender no es ningún juego

Emprender no es ningún juego

Hace tiempo que la frase que da título a este post me ronda por la cabeza ¿La razón? Que tengo la sensación de que existe una percepción generalizada y a la vez retroalimentada por algunos gurús del emprendimiento (esos que te cuelan libros de autoayuda como si fueran de gestión empresarial), de que lanzar tu propio proyecto empresarial es la reostia, que va a ser un camino que te llevará a la plenitud interior y que te vas a llenar de gloria si tienes la motivación y el entusiasmo suficiente para seguir tu objetivo.
Con matices, creo que la motivación y la pasión por todo lo que haces en la vida es fundamental para llegar al éxito. Sin embargo, ello no implica que las cosas te vayan a ir bien. Al contrario, si no posees unas cualidades y un conocimiento suficiente sobre el proyecto que deseas emprender, estás totalmente perdido. Si no te empapas de información, estás perdido. Si dudas, estás perdido. Si los factores externos no colaboran, estás perdido. Si no tomas las decisiones adecuadas en el momento oportuno, estás perdido. En definitiva, si intentas emprender, tienes las de perder casi siempre (Y no lo digo yo, lo dicen las estadísticas que muestran que el 80% de las Pymes fracasa antes de los 5 años).
Y en el hecho de perder hay muchas cosas en juego: la imposibilidad de mantener una cierta estabilidad laboral, el tiempo que puedes haber perdido dedicándolo al proyecto, el sacrificio personal que ello te implica a nivel familiar, encontrarte con tu cuenta bancaria a cero (o con préstamos que devolver…) y un largo etcétera de contras.
A ello se une un escenario fatal  en el que conseguir financiación es una tarea harto difícil, y donde solo los mejores y más capacitados, los que se han pasado 24 horas al día pensando en el proyecto, son capaces de obtener.
Total, que hay que estar un poco loco para emprender de verdad por todos los riesgos y sacrificios que conlleva. Ayer presencié vía streaming una charla que realizó Guillem Perdrix en el Sant Cugat Trade Center,en la que abordaba los errores más comunes del emprendedor. A diferencia de anteriores conferencias, Guillem parecía discrepar de la opinión de que todo el mundo puede lanzar una empresa. Comparto esa opinión plenamente. Todos podemos tener muy buenas ideas, pero de eso a llevar las cosas a la práctica y que además te sirvan para sobrevivir, hay un mundo. Son tantas las variables a controlar que se requiere un saber muy amplio sobre el mundo de la empresa para poder llevarlo a cabo.
Otro de los puntos que tocó fue la importancia de que el emprendedor sepa convivir con el riesgo. A su entender, existen 3 grupos fundamentales de visión del riesgo: los que sufren con él, los que se mantienen neutrales, y los que disfrutan de él. Se trata de una categorización arbitraria, pero no por ello desacertada. En todo caso, no sé hasta qué punto un emprendedor disfruta del riesgo; lo que sí podría distinguirle es que es capaz de mantener una actitud firme y estoica frente al mismo, pero no tanto como para tener una actitud jovial sobre el riesgo. El riesgo tiene un componente de descontrol sobre la situación que hace impensable el disfrute del mismo, y menos en una empresa que es la que te tiene que dar de comer. Ni siquiera aquél que se dedica a practicar deportes extremos disfruta del descontrol: realiza un ejercicio exhaustivo y un cálculo al detalle para que los posibles riesgos existentes queden anulados. Quizá mi discrepancia se deba a que me encuentro entre el grupo de los que se mantienen neutrales, pero creo que si a cualquier emprendedor se le da a elegir entre vivir en la incertidumbre y mantener el control sobre el futuro de su proyecto, elegirá la segunda opción. Si no es así, se trata directamente de un inconsciente que no es capaz de realizar un cálculo razonable de costes-beneficos. La vida ya es lo suficientemente compleja como para jugar con ella. Apelemos a la prudencia y a la prevención (un concepto que tenemos más que asimilado en criminología) en la toma de decisiones dentro del campo de la emprendeduría, y tomemos conciencia del berenjenal en el que nos metemos y las implicaciones que puede tener para nuestra carrera el no tomarse muy en serio lo que queremos hacer con nuestras vidas. En el mundo de la empresa las cosas no están para bromas.

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