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Crisis de entusiasmo

Crisis de entusiasmo

Últimamente vengo dándole vueltas a esta pequeña crisis que estoy pasando. Vengo de cuatro años donde el ánimo de comerme el mundo con todo lo que hacía se ha mantenido intermitentemente en todos y cada uno de los objetivos que me he ido planteando. Aún sabiendo que estos objetivos no son más que una serie de fines provisionales y arbitrarios, era capaz de poder decir con mayúsculas que estaba completamente satisfecho con lo que estaba haciendo con mi vida.

Podría decir que el camino que he ido tomando, a pesar de sus dificultades, me ha sido muy fácil de seguir. Sin embargo, desde hace un par de meses, el esfuerzo por implicarme en mi desarrollo profesional ha menguado, las motivaciones en su momento presentes ahora son más difusas, y la sensación actual es la de que mucho no está como desearía. Estoy ante una evidente crisis de objetivos.

En definitiva, me encuentro ante una época donde me albergan más dudas que claros, y donde parte de lo que me llenaba hasta ahora ya no lo hace en la misma medida. Es una situación peliaguda, ya que uno espera que, una vez que el camino empieza a allanarse, lo único que queda es recoger los frutos. Pero nos olvidamos que podemos acabar empachándonos de tanto comer el mismo fruto.

Es toda una encrucijada. Siempre he partido del principio básico de procurar hacer solo aquéllo que me entusiasme, y así he venido cumpliendo estos años. Tan bien ha funcionado ese axioma que me ha traído no solo cosas que deseaba, sino otras muchas que ni esperaba encontrar y que me parecen impagables. Por eso quiero, siempre que sea posible, mantener dignamente ese principio hasta el fin de mis días.

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Fotografía: The Start and Finish Line of the “Inishowen 100” scenic Drive via photopin (license)

Ignoro si esta situación será una pequeña pausa para recuperar las buenas sensaciones que tenía con todo lo que hacía en mi campo profesional. Pero lo que sí sé es que lo peor que podría hacer en caso de que esta situación se alargara es dejarlo pasar, ignorarlo y tomar una actitud pasiva porque precisamente ese el camino que acaba llevando a que una persona se transforme en una especie de autómata. Alguien que no hace más que verlas venir, que no se atreve a romper las normas, para el que todo está en órden cuando nada lo estará nunca en realidad.

Me niego a dejarme llevar por las circunstancias a pesar de que eso implique una mayor comodidad en mi vida, y prefiero pelearme contra ellas aún a costa de tener que derribar gran parte del trabajo hecho hasta ahora. Porque precisamente si algo he disfrutado estos años es construyendo el camino, no contemplando lo realizado, quizá sea buen momento para formatearlo todo y volver a empezar. Porque quizá haya alcanzado las metas que me propuse, es la hora de remover la tierra.   

Cómo podemos ser tan diferentes y a la vez tan parecidos

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