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Pan con nocilla

Pan con nocilla

Antes de empezar a escribir este post me he pasado dos horas leyendo artículos, pasando de un tema a otro pensando en algo interesante o útil que os pudiera contar hoy. Apuntados varios posibles artículos a abordar, he optado por autoboicotear el trabajo previo realizado y apostar por hablar de algo a lo que he dedicado mucho menos esfuerzo: hacerme un pan con nocilla. Para ello llevaré a cabo una cronología de los hechos.

1. Aproximadamente a las 16:30 he vaciado el estómago poco después de ingerir el café de media tarde.

2. El apetito ha empezado a generarse de forma gradual a partir de las 17:00

3. Sobre las 18:22 el apetito ha sido suficiente para levantarme de la silla, actividad que no había llevado a cabo desde que el punto 1 se gestó en forma de intento de esfera marronosa.

4. Una vez levantado de la silla, el objetivo claro era el de comer algo que tuviera chocolate.

5. Observo que hay escasez de oferta, con dos únicas opciones: galletas con trozos de chocolate o pan con nocilla. Apuesto por la segunda opción.

6. Cojo un cuchillo para untar, dos rebanadas de pan de molde y un plato, y unto la nocilla en el pan de la forma más homogenea posible.

7. Procedo a ingerir este nutritivo producto.

¿Por qué he decidido hablar del pan con nocilla en lugar de hablar de alguno de los temas sobre los que me he documentado previamente? Pues en realidad, para mostrar una serie de aspectos que en ocasiones pasamos por alto.

1. Que el esfuerzo infructífero existe. El esfuerzo aumenta las probabilidades de conseguir un objetivo, pero muchas cosas sobre las que uno se esfuerza no llevan al resultado esperado en muchas ocasiones. Y no, no necesariamente por no haberse esforzado lo suficiente, sino porque no se han dado las condiciones necesarias para que ese resultado se produjera. Y en este caso, las dos horas de documentación bibliográfica han sido inútiles para el objetivo de escribir el post de hoy.

2. Que a veces lo simple da mejores resultados que lo complejo. Algo insustancial o con poca relevancia como prepararme un pan con nocilla me ha parecido más interesante de abordar que cualquiera de los temas posibles, mucho más complejos todos ellos y con un valor objetivo mayor. Sin embargo, la complejidad no es necesariamente la cualidad mejor valorada. Es habitual que aquéllos posts que escribo casi del tirón y con poco esfuerzo tengan mayor seguimiento. En cambio, los más densos y mejor documentados tienen una relevancia menor. Eso sí, ninguno de los posts supera en impacto a una acción tan simple como: cambiar la foto de perfil de Facebook.

3. Que la toma de decisiones rara vez obedece a un proceso plenamente racional. El tema elegido ha obedecido más a una cuestión circunstancial más relacionada con necesidades fisiológicas suma de: hambre+consumo de un producto+necesidad de ir a tomar unas cañas en menos de una hora+esfuerzo infructífero de documentación bibliográfica. Debido al deadline de mi cita con la escritura diaria, tenía que abordar un tema urgentemente, sin darle demasiadas vueltas. La urgencia y las necesidades fisiológicas son factores que pueden precipitar la irreflexividad en una decisión, pero no son las únicas variables. Una muy común es la toma de decisiones basada en la experiencia previa. Has quedado con los amigos para acudir a un restaurante que habéis elegido simplemente porque cinco años atrás las hamburguesas que comíais allí estaban de muerte. Sin embargo, en esta ocasión, además de dudar de la higiene del restaurante, las hamburguesas que años atrás os encantaban son lamentables. El error en la decisión es fruto de un silogismo erróneo:

Si he comido aquí y estaba bueno, entonces hoy también volverá a estar bueno.

Este tipo de silogismo está ampliamente asentado dentro de la discusión política, en forma de:

Este sistema no ha funcionado en el pasado, entonces hoy tampoco puede funcionar.

Pero tranquilo, no te tortures con el error, porque a pesar de la invalidez del argumento suele ser útil para no darle demasiadas vueltas a cosas que no son tampoco muy vitales (decidir donde cenar un sábado noche no es trascendental). Recuerda que la incertidumbre está siempre presente en toda decisión por muy calculadas que tengas todas las posibilidades.

Hoy la moraleja final es: olvídate de la moraleja, ahora mismo lo que quiero es tomarme una cerveza por favor.

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