Los tres días de convivencia con el grupo de representantes de estudiantes de criminología reunidos en Barcelona este pasado fin de semana no me han podido dejar mejor sabor de boca. No puedo estar más que  AGRADECIDO   POR LA INVITACIÓN de la Sociedad Interuniversitaria de Estudiantes de Criminología al evento en el que he procurado ayudar en todo lo que estaba en mi mano junto con mi buen amigo Jorge Ramiro Pérez. Encontrarme con un grupo tan amplio de estudiantes de 17 universidades diferentes (conocidos popularmente como “David y sus 44 amigos”) me ha servido para darme cuenta de que son cada vez más los que se toman muy en serio su futuro y que optan por una actitud activa a lo largo de sus estudios. Siempre he dicho que es fundamental que el estudiante, además de desarrollar lo mejor posible su carrera académica, se vincule paralelamente a iniciativas más enfocadas a su proyección laboral, y el movimiento asociativo es uno de ellos.

Durante estos días he podido contagiarme del entusiasmo de todos ellos, y qué duda cabe, también HE APRENDIDO MUCHO de lo que puede dar de sí la criminología en los próximos años.

Desde las universidades se debe hacer un esfuerzo añadido para aprovechar este entusiasmo del alumno, que en su mayoría entra a estudiar el grado por vocación, y ser capaz de darle una orientación profesional que se adecúe a las necesidades del alumnado. Y es que por mucho que el alumno tenga una buena predisposición a mostrarse activo, no debemos olvidar que en la mayor parte de los casos el contacto con la vida laboral es escaso o nulo, por lo que hay que ser capaces de ponerles con los pies en la tierra y ayudarles a sembrar su trayectoria profesional a través de una  ORIENTACIÓN ÓPTIMA.

En este sentido, soy consciente de que se trata de una tarea compleja de abordar por parte de las universidades por dos cuestiones básicas:

El marco actual muestra un escenario laboral con una  OFERTA  muy escasa.

En muchos casos los académicos no han salido nunca del ámbito docente-investigador o llevan demasiados años en él. Eso dificulta que, a pesar de la buena voluntad que pongan en ayudar a los estudiantes, esta no sea del todo satisfactoria para el alumno. El desconocimiento del académico le lleva a que su enfoque esté eminentemente centrado en el desarrollo de una carrera académica, algo solo accesible a unos pocos privilegiados. En el caso de que la universidad se encuentre con ese problema sería prioritario que buscara a CRIMINÓLOGOS que se han adentrado en un marco eminentemente EMPRESARIAL, ya que esa perspectiva ayudará a que el estudiante pueda abrir miras sobre sectores en los que apenas se ha planteado su presencia. Esto se puede traducir en la organización de seminarios y cursos enfocados al ámbito profesional, algo que hasta ahora se ha potenciado principalmente desde las asociaciones.

La disposición a escuchar y aprender por parte de estos estudiantes es muy elevada. Pero a la vez, los que trabajamos en las diferentes universidades no debemos quedar ajenos a las NECESIDADES del alumnado. Eso significa que es fundamental ser capaz de escucharles y atender sus peticiones, dado que sus demandas probablemente estén más que justificadas.

Todos saldremos GANANDO si ofrecemos las mejores herramientas posibles a estos jóvenes a los que ni por asomo se podrá calificar como generación perdida.

La impresión que me llevo es la de haber vivido uno de esos encuentros que puede haber marcado un gran paso adelante para todos los criminólogos de España. En los próximos años, y viendo la continuidad que tendrá este evento (que en noviembre se trasladará a Granada para dar luz a su III edición) sabremos si se ha marcado un antes y un después.

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Cómo podemos ser tan diferentes y a la vez tan parecidos