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Fotografía de StepanPhoto http://kcy.me/2512x

Criminología, Nadie debería trabajar jamás

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¿Cómo toleras que tu jefe te humille de esa manera?

Un reciente estudio de Avey, Holley y Wu (2015) publicado en el último número de la revista Journal of Business Ethics desprende unos resultados interesantísimos en torno a la relación entre jefes abusivos (que se puede definir como todo aquel jefe que tiene un comportamiento verbal y no verbal tendente a la hostilidad con el empleado), frustración en el trabajo y conductas desviadas de los empleados. En él se concluyen dos puntos que nos hacen comprender mejor ciertos comportamientos de sumisión entre empleados:

En primer lugar, tal y como se esperaba en las hipótesis iniciales, existe una relación significativa entre tener un jefe abusivo y la existencia de una mayor tendencia a ejecutar conductas desviadas en el trabajo, desde las deficiencias en el rendimiento laboral (retrasos injustificados, ejecución pasiva de tareas), pasando por comportamientos típicos como el robo hormiga, hasta el deseo de vengarse de las putadas del jefe. Estas tendencia a las conductas desviadas está correlacionada además con la frustración en el trabajo.

Este segundo punto resulta si cabe mucho más impactante que el primero. Aunque los autores del estudio hipotetizaron que cuanto mayor fuera la relación de dependencia del empleado con su trabajo, más aumentaría la frustración laboral provocada por el jefe abusivo, la relación es totalmente opuesta: son aquéllos que son menos dependientes de ese trabajo, y que por norma general suelen llevar menos tiempo en la empresa, los que suelen sentirse más frustrados y a reaccionar activamente ante tales abusos. Esto nos permite comprender una realidad que más de uno se habrá encontrado en alguna ocasión. Entras a trabajar en una empresa y te encuentras con que el trato que se da por parte del jefe no es todo lo adecuado que consideras. Sin embargo, la respuesta de los que llevan más tiempo en el lugar de trabajo, lejos de manifestar indignación, tiende a ser generalmente más pasiva que la tuya, o como mucho manifestando contrariedad solo de palabra. Tu reacción suele ser de estupefacción, incapaz de comprender cómo no actúan ante un comportamiento así.

Una de las explicaciones más plausibles para ese descenso paulatino de la frustración ante una conducta abusiva venida de arriba es que, ante la relación de dependencia del empleado con su puesto de trabajo, éste termina por asumir que no le queda otra opción que tener que aguantar ese tipo de comportamientos, y tolerarlos como pueda. Así, la frustración da paso a la resignación, tomando una actitud mucho más pasiva, como si se tratara de un condenado al que le toca cumplir su penitencia.

Sin embargo, la ausencia de frustración no significa que el empleado no sufra otra clase de efectos perniciosos: si bien no existen daños directos más allá de un normal descenso en su rendimiento, sí que existe un mayor riesgo a padecer trastornos psicológicos fruto del sometimiento prolongado a una conducta abusiva.

Es importante remarcar que si bien una empresa con un jefe o un cuerpo directivo que abuse de sus inferiores puede llegar a funcionar, no está claro que sean capaces de sacar el mejor rendimiento del personal. No hay que confundir el abuso de poder con la exigencia a los empleados, y en este caso está claro que las consecuencias pueden ser tremendamente dañiñas.

Así que si te encuentras con un jefe abusón, sal de allí antes de que sea demasiado tarde.

Cómo podemos ser tan diferentes y a la vez tan parecidos

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