El último número de la revista Computers in Human Behavior cuenta con un interesante artículo en torno al ciberbullying en el mundo laboral publicado por Snyman y Loh. Un ámbito del que todavía se ha estudiado relativamente poco pero que cada vez incrementa su impacto en la medida en la que una gran parte del trabajo y de las comunicaciones de las empresas se realizan cada vez más por vía telemática. Hay que entender además que, a pesar de que muchas de las conductas que encontramos son el reflejo de lo que hasta ahora se realizaba en el lugar de trabajo, no necesariamente tienen el mismo efecto, tanto para bien como para mal.

La relevancia del estudio de Snyman y Loh radica en la introducción del rol mediador del optimismo en una persona que sufre una acción de ciberbullying. A través de encuestas de autoinforme a 146 empleados de cuello blanco intentaron desgranar hasta que punto aquellas personas que contaban con una personalidad más optimista se veían afectados en menor grado por actitudes de acoso laboral en la red. De las hipótesis testadas en el muestreo, encontraron relación significativa en las siguientes: 

  • El ciberbullying está relacionado con mayores niveles de estrés.

  • El ciberbullying está negativamente relacionado con el optimismo.
  • El optimismo está negativamente relacionado con el estrés (es decir, que a mayor optimismo, menor estrés).
  • El optimismo está positivamente relacionado con la satisfacción laboral.
  • El optimismo media la relación entre ciberbullying y estrés.
  • El optimismo media la relación entre ciberbullying y satisfacción laboral.

Observando los resultados obtenidos en el estudio, podemos ver la relevancia existente del optimismo a la hora de moderar el impacto negativo que pueden provocar las acciones de ciberbullying. Esto se puede entender de diferentes maneras. En primer lugar,  se puede interpretar de un modo tal que podamos afirmar que las personas que resultan más optimistas tienden a resultar menos afectadas por el ciberbullying. Sin embargo, esta afirmación solo recoge un aspecto que se muestra parcialmente: el de la menor afectación del estrés, que es tan solo una de las consecuencias que nos solemos encontrar ante situaciones de acoso. Así, esta afirmación puede hacerse siempre poniéndolo en contexto y teniendo en cuenta que su acercamiento al problema es incompleto. Lo que sí es cierto es que ese optimismo puede favorecer que el rendimiento del empleado no se vea muy afectado en la medida en la que el estrés es menor.

Este tipo de estudios son doblemente interesantes en primer lugar por abordar un fenómeno del que todavía se ha abordado poco empíricamente, y en segundo lugar por abrir la posibilidad de que los rasgos de personalidad de la víctima influyan sobre aquellas personas que sufren acoso laboral. Es decir, puede plantearse que las personas optimistas y resilientes tengan una menor tendencia a verse afectadas a situaciones de acoso. El aspecto victimológico hasta ahora ha encontrado poco consenso en el ámbito del acoso laboral, con resultados muy dispares y sin una clara definición del perfil de víctima. De ahí que trabajos como el de Snyman y Loh tengan mucho valor.