Uno de los grandes problemas a los que debemos enfrentarnos cuando abordamos la violencia en el trabajo es, sin lugar a dudas, la normalización de las conductas violentas y/o antisociales dentro de las organizaciones. Ya vimos el otro día que un CEO de una startup de éxito consideraba normal gritar y pelearse con sus compañeros de trabajo. Lejos de ser una excepción, este pensamiento es más habitual de lo que parece, resultando en una justificación de las conductas violentas en el trabajo y, por ende, la cifra oculta de delincuencia en el trabajo puede ser elevada.

Bandura y otros (1996) propusieron un modelo de moral disengagement o desvinculación moral que permite a los agresores autojustificar su conducta ante un comportamiento violento. Bandura identificó algunos mecanismos de autoregulación o justificación:

  • Difuminación o difusión de responsabilidades.
  • Menospreciar o infravalorar los efectos dañinos de su conducta.
  • Culpabilizar a la víctima de lo sucedido deshumanizando a la persona.

No es extraño encontrarnos entonces que, ante conductas de acoso a un empleado aparezcan voces diciendo que «se lo ha buscado» (culpabilización de víctima) o que «tampoco es para tanto» (infravaloración del daño), o que «es que el trabajo lo exige» (difusión de responsabilidad).

El problema no estriba aquí solamente en el agresor, sino que también la víctima tiene asumida esa normalización de la violencia. Los mismo aspectos que mencionamos son aplicables, y a veces la víctima no tiende a ser consciente del daño que se le está haciendo por considerar que es algo propio del puesto de trabajo.

Uno de los ámbitos donde esa violencia tiende a estar infrarrepresentada es el de los enfermeros. En un estudio realizado en Eslovenia (2014) se encuestó a casi 700 personas pertenecientes a este colectivo profesional para ver hasta qué punto la violencia notificada durante el último año se correspondía con la cifra de enfermeros y enfermeras expuestos a violencia. Así, un 61,6% de los encuestado reportaron haber sufrido violencia en el último año, siendo la violencia psicológica (60,1%) la más común. Sin embargo, la cifra de incidentes reportados por escrito fue muchísimo más baja: un 6,5% en el caso de violencia psicológica, y un 10,9% en el caso de la violencia física. El tipo de violencia más infrarrepresentada fue la violencia de tipo sexual, con un 17,9% de las personas que sufrieron algún tipo de acoso sexual que no reportaron haber sido víctimas de este tipo de violencia.

Las razones principales que mencionaron los enfermeros para no denunciar los hechos fueron principalmente dos:

  • La creencia de que denunciarlo no cambiaría nada.
  • El miedo a perder el trabajo.

Ello nos lleva a un aspecto que solo el estado es capaz de solventar: la cifra negra de delincuencia en el lugar de trabajo disminuirá en la medida en la que las medidas de protección que dispone a la víctima sean mayores. Si una persona víctima de violencia en el trabajo percibe que no existe protección suficiente en caso de presentar la denuncia, o que por mucho que denuncie no va a cambiar nada o no le van a dar la razón, será extraño que esa persona dé el paso. Es importante entonces ser capaces de dotar de instrumentos necesarios a la víctima para que realmente confíe en que dar el paso no le va a afectar para mal sino que será beneficioso.

La cifra negra de la violencia en el trabajo es un problema que debe abordarse con urgencia.