¿Sabías que he publicado un libro? Se llama "Nadie debería trabajar jamás"

Hace unos días Janire Rámila, criminóloga y autora del libro Depredadores Humanos y creadora del blog «Hablando de Criminología»  (preparado especialmente para los alumnos del departamento de criminología de la Universidad Camilo José Cela pero cuya lectura recomiendo para todos los interesados en la disciplina) me pidió si le podía contestar a algunas cuestiones en torno al papel del criminólogo, a las dificultades encontradas para ejercer la criminología, y las recomendaciones que podía darles a los estudiantes de criminología para encaminar correctamente su futuro laboral. 

Ahí va la entrevista completa, que podéis consultar aquí:

 

Janire Rámila.: ¿Cómo fue tu llegada a la Criminología?
José Manuel Servera.: Cuando finalicé la licenciatura de Filosofía me encontré con una pequeña crisis existencial en la que veía imprescindible complementar mi formación, ya que ninguna de las salidas laborales terminaba de convencerme. Repasé planes de estudio de múltiples carreras y cursos de máster, pero fue la Criminología la que me atrajo por la posibilidad de adquirir conocimientos de Psicología, Sociología, dDrecho, Medicina… Eso y que fuera un segundo ciclo de dos años me alentó a matricularme en ella. La verdad es que no tuvo nada de vocacional.
 
J.R.: Y, sin embargo, acabó enamorándote.
J.M.: De ser una carrera que realizaba con vistas a tener mejores perspectivas laborales, pasó a ser más que eso. Descubrí en mí un interés desconocido por la teoría criminológica. La carrera fue intensa y en apenas dos años asimilé una cantidad abundante de materias que no había tocado cuando hice Filosofía.
 
J.R.: ¿Te encontraste con problemas para ejercerla profesionalmente?
J.M.: Los problemas comenzaron con el no reconocimiento oficial de la figura del criminólogo. Aún hoy existe un desconocimiento absoluto sobre las funciones que podemos realizar y ello implica la imposibilidad real de ejercer como nos gustaría, exceptuando algunos centros de investigación criminológica autonómicos que sí que nos tienen muy en cuenta. 
 
J.R.: ¿Qué crees que debería cambiar para que la figura del criminólogo estuviese reconocida de modo oficial?
J.M.: El colegio de criminólogos es, sin duda, una de las tareas que tenemos pendientes desde hace tiempo. Pero lo único que hará que el criminólogo tenga reconocimiento oficial es que desde los estamentos políticos exista un conocimiento de nuestra labor y que sepan hasta qué punto podemos ser útiles socialmente.
 
J.R.: Aún así, la gran ventaja de esta disciplina es el largo recorrido que tiene por delante, sus inmensas posibilidades aún por explotar y que es un campo idóneo para personas con iniciativa y ganas de abrir nuevas sendas.
J.M.: Creo que la disciplina puede atraer a suficientes jóvenes talentosos que aportarían nuevos enfoques y algo de frescura. Aunque tenemos un importante grupo de expertos criminólogos en España, hemos de recordar que la mayor parte de ellos no obtuvo formación criminológica, sino que procedía de otra rama, pero que luego ha ido desarrollando sus inquietudes y estudios en el ámbito de la criminalidad. Ellos son los que han estado tirando del carro estos años, pero a la vez deben ir dando paso a otros que llegan con un entusiasmo y una vocación únicas hasta ahora y con ideas renovadas respecto al papel que debe tener el criminólogo.
      Tengo grandes esperanzas puestas en esta generación de jóvenes estudiantes, que ya desde el inicio de sus carreras universitarias dedican su formación a la Criminología.
 
 J.R.: Respecto al trabajo del criminólogo, tú has optado por la vía privada. ¿Es una buena posibilidad para los recién graduados y licenciados en Criminología: buscar ideas innovadoras y apostar por ellas en el sector privado?
J.M.: A falta de que se reconozca oficialmente la figura del criminólogo, nuestro mejor modo de hacernos visibles es llevando nuestros conocimientos a la práctica y el ámbito privado nos da un buen margen para la experimentación.
 
J.R.: ¿En qué proyectos criminológicos te encuentras inmerso actualmente?
J.M.: En la actualidad trabajo en dos proyectos diferentes, con una importante conexión unos con otros. El primero es la labor de dirección de la publicación digital Criminología y Justicia, en su doble vertiente de divulgación científica a través de nuestra web, donde publicamos artículos prácticamente a diario, y la revista electrónica, de corte más académico, cuyo próximo número, un monográfico sobre justicia restaurativa, verá la luz dentro de poco.
     En el plano personal me encuentro a la vez en pleno desarrollo de un libro que intenta acercar, de un modo ameno, aspectos relevantes sobre la criminalidad en Estados Unidos y que, en parte, voy publicando siempre que puedo en mi blog personal, que es una buena fuente de interacción con los lectores.
 
J.R.: ¿Cómo respondió la gente cuando te lanzaste con esos proyectos personales?
J.M.: Respuestas te puedes encontrar tantas como personas hay en el mundo, aunque yo las suelo clasificar en tipos.
     Una gran parte te miran con escepticismo y piensan que tienes demasiados pájaros en la cabeza, cohibiendo toda capacidad emprendedora que puedas tener. Es el típico pesimista español que de primeras vaticina que tu idea no funcionará y que si no te va bien se acerca con su “ya te dije que no funcionaría”, orgulloso de su premonición. En esta postura no hay más sentido crítico que el miedo al fracaso.
     Otra parte te muestra entusiasmo y te anima a llevar adelante la idea, pero como en la primera, no hay más que un interés superficial sobre la misma. Por suerte, también hay un grupo más bien reducido, pero el más enriquecedor: los que a la vez que se interesan por escuchar tu proyecto, ayudan a que el mismo crezca gracias a su capacidad crítica.
 
 J.R.: ¿Crees que existe una necesidad social de criminólogos?
J.M.: Estoy convencido de ello, ateniéndome en un primer plano a lo que nos suelen decir las encuestas del CIS: que la seguridad ciudadana es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos.
     El problema radica en que desde las mismas instituciones que gestionan todo lo relacionado con la seguridad y la criminalidad parece existir un desconocimiento, no sé si intencionado o no, sobre las medidas adecuadas a seguir. Así, podemos ver cómo algunas autoriades manifiestan sin vergüenza ninguna que los inmigrantes son causantes de la delincuencia, sin aportar una sola cifra significativa a su favor o a consejeros de seguridad sacando pecho por el aumento de miembros policiales, cuando hasta ahora ningún estudio ha demostrado una correlación entre cantidad de policías y reducción de la delincuencia.
     Las consecuencias son unas políticas criminales deficientes, que ni optimizan recursos, ni se centran realmente en la efectividad de las mismas. Nosotros sabemos que se hace mal, que se puede hacer mejor y además sabemos cómo hacerlo.
 
J.R.: ¿Qué recomendación darías a los estudiantes que ahora se preguntan por su futuro laboral?
J.M.: La primera y más importante es tejerse una red de contactos amplia, que abarque no solo a profesionales relacionados con la disciplina criminológica, sino con espacios que poco o nada tengan que ver con ella, incluida la persona que se encarga de limpiar los baños de la facultad. Nunca sabes de dónde te puede venir la oportunidad y contar con un grupo plural de gente que conozca tus capacidades es fundamental. Aunque tengas mucho talento, este puede quedar desaprovechado si no despliegas tu propia labor de relaciones públicas.
     La segunda es que, más allá de lo que aprendan en la carrera, procuren llevar a cabo, de modo particular o con el apoyo de otros compañeros, iniciativas personales relacionadas con el ámbito criminológico. Desde un proyecto social lanzado a través de la asociación de vecinos de tu barrio, pasando por la creación de alguna iniciativa en la red, hasta la idea más absurda que se les pueda ocurrir, pero que crean pueda dar sus frutos.
     Esto les ayudará a toparse con una realidad más allá de exámenes y trabajos académicos y les servirá para encontrarse con lo que creo que de verdad hace crecer a un individuo a nivel personal: el error. Equivocarse en algo es el mejor aprendizaje que uno puede tener sobre las cosas. En la Universidad no se te enseña a equivocarte, más allá de los errores que puedas cometer en un examen o en un trabajo concreto. En cambio, la acción práctica te lleva a equivocarte con cosas y personas reales donde en muchos casos no hay teoría que valga. Y es en este campo, el práctico, donde se moverá nuestro futuro laboral.
     Desde que terminé la carrera no he parado de cometer errores. Pero ha sido precisamente en los momentos en que más errores cometía, cuando más he mejorado profesionalmente. Por ello, lo mejor es comenzar a desarrollar proyectos desde el minuto uno de la carrera, ya que conseguiremos complementar los conocimientos aprendidos en la universidad.
     Y la tercera, que no se impacienten. El criminólogo es una figura que tarde o temprano tendrá su lugar, pero teniendo en cuenta su reciente implantación en el ámbito universitario es comprensible que todavía no nos hayamos hecho con ese hueco que tanto ansiamos. Nuestro momento llegará a base de constancia, de entusiasmo por nuestra labor y de iniciativas innovadoras.

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