¿Sabías que he publicado un libro? Se llama "Nadie debería trabajar jamás"

Un supuesto fallo de seguridad en Facebook fue recogido en el día de ayer por diferentes medios nacionales e internacionales, que hablaban de la publicación de mensajes privados anteriores a 2009 visibles en los muros de nuestros amigos. Sin embargo, ha resultado ser un fallo de memoria de todos los que hacemos uso de dicha red social, incluyéndome el primero.
Y es que pocos recordamos ya que en un inicio no existía la posibilidad de enviar mensajes privados a nuestros amigos, por lo que todo lo que se decía era siempre a través de los muros, que para contestarnos debían acudir a nuestro muro, sin posibilidad de comentar ni dar a me gusta a nuestra publicación. Algo que, apenas 3 años después nos suena tan remoto que ha posibilitado una macroconfusión en torno a lo que había pasado (o mejor dicho, que no había pasado).
Sin embargo, esta falsa alarma es positiva en el sentido que ha invitado a reflexionar a más de uno sobre aquello que escribe en los diferentes servicios de comunicación a través de la red, así como en aplicaciones de mensajería instantanea utilizadas de manera masiva que sí han presentado importantes fallos de seguridad y, además, reiterados.
En primer lugar, nos da una buena muestra de cómo ha evolucionado en pocos unos pocos años nuestra concepción de la privacidad en la red, hasta el punto de tomar por mensajes privados algo que realmente nunca fue tal. Basta que acudamos a todas esas publicaciones previas a 2009, y veremos que más de una de las cosas que dijimos en el muro del amigo de turno ahora nos la pensaríamos dos veces. Tras el fervor inicial en el que todo, o casi todo, se hacía público, Facebook cambia esa dinámica introduciendo la posibilidad de enviar mensajes privados, con un funcionamiento más que deficiente en sus inicios pero que sin embargo fue acogido por la gran mayoría hasta destronar al hegemónico Messenger. El usuario deja entonces de publicar ciertas cosas que antes hubiera dicho sin ningún problema de manera pública en el muro de un amigo.
En segundo lugar, sale a relucir la importancia que tiene aquí la seguridad y garantías que ofrece el servicio de mensajería o red social sobre nuestras comunicaciones. Muy pocos hasta ahora se habían planteado lo que podría pasar si se revelaran sus mensajes. Además de descubrirse más de un cornudo que no era consciente de serlo, son muchos los secretos que a nadie haría gracia que se hiceran públicos (bueno sí,a los que no afectaran esos mensajes tendrían para varios meses de lectura de cotilleos). Se ha considerado que éste era un aspecto baladí, y que las triquiñuelas de Facebook con la privacidad del usuario (como ese brillante cambio en el que los amigos de tus amigos podían y pueden leer lo que escriben en tu muro) se hayan ido pasando por alto. Sin embargo, es prioritario saber cómo se protege lo que decimos a través de los diferentes servicios de mensajería, y decidir sobre el uso que le podemos dar en función de ello.
No vale decir que a uno no le importa que se revelen sus mensajes porque tampoco ha dicho nada que se tenga que ocultar, porque va más allá de eso. El secreto de las comunicaciones debe ser un postulado básico en los proveedores de servicios de mensajería, pero el usuario debe tomar conciencia lo que puede implicar la elección de un servicio que por muy bueno que sea tenga graves carencias de seguridad. Puede no importarnos que se revelen nuestros mensajes privados, pero sí debe importarnos que se puedan revelar con facilidad. La información, hasta que nadie diga lo contrario, es y será un instrumento de poder fortísimo, y el acceso a las comunicaciones de millones de usuarios puede no caer en manos inocentes.
Gracias al bulo, estamos todos avisados.

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