Hoy podría dedicar este post al terrible presupuesto de cuatro cifras que me han dado en el dentista, pero como hacerlo sería quejarme de vicio, voy a dedicar éste y los próximos artículos a enseñar algunos documentos autobiográficos curiosos. El caso es que tras escribir mi último post seguí reflexionando sobre hasta qué punto estaba consiguiendo los objetivos que me había planteado en algún momento de mi vida.

Desde muy pequeño, una de mis ambiciones personales más claras era la de ser periodista. Sin embargo, notas medias insuficientes para acceder a la carrera, amén de interés por disciplinas desconocidas de pequeño (véase Criminología), hicieron que mi camino no se correspondiera del todo con mis deseos de pequeño.

El documento histórico que os quiero mostrar no es otra cosa que un carnet de jóvenes periodistas que promovía un diario de tirada local, el Diari de Balears, para aquellos jóvenes inquietos que estuvieran interesados en hacer sus primeros pinitos en el mundo del periodismo. Con ese carnet tenías la posibilidad de enviar artículos al periódico y que te los publicaran en una sección semanal dedicada a todos los pequeños periodistas. Aquí podéis ver al menda, con cara de niño que no ha roto un plato, cuando contaba aproximadamente con 15 años.

Recuerdo que de los tres artículos que elaboré me publicaron uno, que para mayor ilusión fue premiado con 5.000 pesetas en cheque de El Corte Inglés. Para mí, y probablemente para muchos becarios que trabajan en diferentes medios de comunicación a día de hoy, se trataba de una millonada. El artículo en cuestión no he sido capaz de rescatarlo de mi baúl de los recuerdos, pero sí sé de qué hablaba. Era un tema que precisamente se encontraba en sus orígenes: hablo de la piratería musical.  En el artículo comentaba cómo Napster estaba provocando un cambio de paradigma (lo de paradigma lo añado yo ahora, en ese momento no debí utilizar ese término ni mucho menos) en el mundo de la música, y los descensos en ventas de discos que se estaban produciendo a raíz de la piratería. Ha llovido mucho desde aquel entonces, pero la guerra de las discográficas con la red continúa estancada en las mismas obsesiones y/o errores.

Es evidente que a pesar de no dedicarme al periodismo, quedan dos cosas derivadas de ese deseo de infancia: mi interés por las publicaciones y las revistas, y el placer de escribir sobre los temas que me apasionan. 12 años después de publicar mi primer artículo en un periódico no puedo decir que haya cumplido con mi sueño de ser periodista, pero sí tengo el privilegio de poder disfrutar dirigiendo y dinamizando una publicación criminólogica profesional que se actualiza a diario, incluso he tenido la posibilidad de volver a hacer mis pinitos con una columna en El Periódico de Catalunya.

Es precisamente viendo estas cosas desde la distancia, observando los pasos previos que te llevan a estar donde estás, cuando te das cuenta si lo que estás haciendo es realmente lo que querías. Hoy, a pesar de que a nivel económico no pueda decir que me esté ganando el pan de cada día, sí puedo sentirme plenamente satisfecho de lo conseguido hasta ahora, porque aunque subsistiendo a duras penas, llevo más de dos años pudiendo disfrutar de las cosas que siempre he deseado hacer. ¿Será que el dinero no es tan importante para hacernos felices como nos hemos creido todos estos años de prosperidad y bienestar?

P.D: Los dos próximos post irán dedicados a dos documentos en torno al origen de Criminología y Justicia, y mis primeros intentos de sacarlo adelante. Os aseguro que no tienen desperdicio.