¿Sabías que he publicado un libro? Se llama "Nadie debería trabajar jamás"

Hace unos días un canal de noticias británico publicaba un curioso reportaje en el que abordaba la relación existente entre el aumento de temperaturas y la delincuencia. En el mismo, menciona un estudio realizado en Texas que parece confirmar una correlación entre ambos fenómenos.

Sin embargo, concluir algo así sería, además de inútil, una total falta de atención al resto de factores que realmente inciden sobre dicho aumento de incidentes violentos. Y es que no es tan importante el aumento de las temperaturas como las consecuencias del mismo lo que nos interesa analizar.

El verano es una época en la que las interacciones sociales aumentan de manera considerable. Es, por ejemplo, un momento propicio para el turismo. Cuando uno pasa a ser turista o “guiri” parece que desaparezca por completo esa parte de nosotros que es capaz de prevenirnos ante posibles peligros que nos acechen: nos volvemos torpes y no es difícil para un carterista o un trilero encontrar al primo de turno para “hacer el agosto” (En Mallorca la víctima es fácilmente identificable: suele vestir chanclas con calcetines, ha bebido cantidades ingentes de alcohol y luce con orgullo quemaduras cancerígenas en su cuerpo, en eso sí que el sol tiene su parte de culpa). En realidad no es que nos volvamos torpes, sino que queremos que el periodo vacacional sirva para desconectar al máximo de nuestra rutina, por lo que rebajamos nuestro consumo de energía cerebral a “Bajo rendimiento”.

El verano fomenta igualmente las salidas nocturnas. Hace mucho calor y aprovechamos la noche para refrescarnos en el garito de turno. Los locales se llenan de cuerpos embriagados, y esta contaminación etílica aumenta las probabilidades de que se geste un conflicto entre los dos machos de turno. Por poner un caso práctico: chico mira a chica, chica tiene novio, chico celoso mira al chico que mira a su chica, y si el chico que mira a la chica no se escabulle a tiempo, las consecuencias pueden ser fatales. Luego está el caso práctico aún más rápido: chico quiere pelea, otro chico quiere pelea, se encuentran como dos enamorados y empieza la batalla de gallos.

A ello añadimos otro factor que no es menos relevante: se trata del periodo de vacaciones para los más jóvenes, que cuentan con tiempo libre de sobras para hacer uso y disfrute de todos los espacios públicos, con todo lo que ello puede conllevar. El control parental es el justo y necesario (los padres, por lo general, siguen trabajando durante la mayor parte de la época estival porque con suertes llegan a final de mes, y aunque lleguen, les toca pringar igualmente) y el jóven es libre de hacer y deshacer a su gusto. Y si las normas sociales asimiladas y la impulsividad no ayudan, podemos esperar que unos cuantos de ellos dediquen el periodo estival a cometer actos vandálicos con la pandilla de turno.

También tendemos a dejar más tiempo nuestra casa vacía. Joder, es verano y no quiero acabar horneado en mi propia vivienda, así que mejor salgo a buscar un sitio donde estar más fresco, sobretodo teniendo en cuenta lo que cuesta encender el aire acondicionado. Y el asalto a viviendas se facilita con ello, pura lógica.

Del mismo modo, durante el año solemos mantener siempre nuestra cartera a buen recaudo, en el bolsillo que hay dentro del bolsillo pequeño del bolsillo interior de nuestra chaqueta. Sin embargo, en verano parece que toda prevención se olvida. Por lo visto, cuando pisas la arena de la playa entras en algún tipo de estado mágico en el que puedes dejar tus pertenencias a la vista de cualquiera. “¿Quién me va a robar? ¡Estamos en la playa, es verano, mira que día tan bueno hace!¡Vive y disfruta de la vida!”. Y antes de que termines de hablar ya te has quedado solo con el bañador puesto, eso sí, viviendo y disfrutando de la vida, nadie puede negarlo.

El verano es la época de los incautos, y por ende se convierte en la época de las oportunidades. Pero simplemente, la temperatura no explica nada. El buen tiempo anima a un mayor número de actividades sociales, resultante en muchas más interacciones entre personas, con todo lo malo que pueda conllevar. Aparte, es una época en la que muchos de nosotros hacemos cosas que, por una u otra causa, no realizamos durante el resto del año y propician el acto delictivo.

Atribuirle la delincuencia al sol y a una causa divina es, más o menos, lo mismo.

Si quieres saber un poco más del asunto, puedes leer este artículo de SouthSourceAs Weather Warms Up, So Do Opportunities for Crime

P.D: ¿Sabéis esa noticia que sale todos los veranos? Sí, esa en la que se dice que las separaciones y divorcios aumentan tras la época estival. Pues ya sabéis, si estáis entre este grupo y os preguntan por vuestra separación, podéis responder “Ya sabes, amigo, que la temperatura fomenta los divorcios…”

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