¿Sabías que he publicado un libro? Se llama "Nadie debería trabajar jamás"

Aprovechando que llega septiembre y con ello se acercan las fechas de inicio de curso para los estudiantes, me gustaría hacer una pequeña disertación en torno a los estudios universitarios, y con ello una serie recomendaciones para los que entran por primera vez en la facultad de turno o aún se encuentran en ella.

Sonará paradójico que alguien que ha estudiado dos licenciaturas diga que estudiar no sirve de nada, pero la realidad en España a día de hoy es esa. No se puede decir que la calidad y la exigencia con la que se debería tratar a los alumnos de las diferentes titulaciones sea precisamente elevada, y tampoco se tiene excesivamente en cuenta la aplicación práctica de los estudios en cuestión. Como consecuencia surgen cifras tan desoladoras como las presentadas en el último informe de la Fundación CYD: una tasa de paro de graduados superiores de 25 a 64 años de un 14% en 2012 frente al 6% de la UE-27.  Así mismo en el informe de 2011, se observaba que el 37% de los titulados universitarios trabajaban en puestos inferiores a sus cualificaciones, una sobrecualificación que si bien se da también en el resto de países de la Unión Europea es siempre en un grado bastante más bajo. Tampoco la cualificación se refleja lo que debería en el sueldo: si en España la diferencia salarial con trabajadores menos cualificados existe en un 56% de los casos, vemos que en países como Canadá, Alemania o Reino Unido esa diferencia es de 14 puntos más.

Total, que si esperas ser reconocido una vez finalices la carrera, estás bastante equivocado. Tus estudios te servirán de poco,exceptuando unas pocas titulaciones que afortunadamente siguen manteniendo unos niveles de inserción laboral aceptables.

Dicho lo anterior quiero que te quede claro que estudiar no sirve para nada…si te dedicas únicamente a estudiar. Lo que te dará de comer no serán tus notas, si no lo que haces más allá de los estudios.

Durante los años en los que cursé filosofía y criminología mi actitud fue precisamente la contraria a la que predico. Me dediqué exclusivamente al estudio sin preocuparme demasiado por indagar y explorar los campos laborales en los que me podría llegar a mover una vez hubiera finalizado la carrera. No me preocupé siquiera en establecer demasiada relación ni con los profesores ni con el resto de compañeros de carrera, un error tremendo en un país en el que los contactos son tanto o más importantes que el nivel de estudios.

El punto de inflexión lo tuve una vez finalizada la carrera. Allá por 2009, empecé a trabajar en un museo que poco o nada tenía que ver con mi formación, y en el mismo pude ver con sorpresa que la mayor parte de los trabajadores eran titulados, y no pocos de ellos llevaban ya unos años en la empresa a pesar de su sobrecualificación.

Puede pasarte a ti también: buscas trabajo sin demasiado éxito en tu campo, pero al no encontrar nada te remites a lo primero que encuentras de manera provisional. La comodidad del sueldo sumado a la escasa movilidad laboral te lleva a pasar en ese trabajo más tiempo del que esperabas. Pasan los años y te distancias de aquello que estudiaste, pierdes el rumbo que pretendías llevar a cabo profesionalmente, y te enquistas en algo que odias pero que te da de comer. Pero han pasado ya tantos años que cada vez te es más difícil volver a tus objetivos. Estás desactualizado en tu campo profesional, y tu red de contactos no te da posibilidad alguna de reconducir tu camino. Te puedes olvidar de tu sueño. Suena crudo, pero no es solo real, sino una tónica tristemente común.

Lo que pasó en mi caso la mayoría lo sabréis, otros quizá no. La cuestión es que esa experiencia fue probablemente el mayor impulso para encaminar mi vida profesional en el campo de la criminología. Desde ese momento he tenido presente lo que podía suceder en caso de que no me implicara de lleno en todo lo relacionado con mi ámbito, implicación que poco a poco va dando sus frutos. Está claro que en mi campo profesional en concreto a día de hoy la situación laboral es si cabe más crítica que otras titulaciones, y ello implica tener que trabajar de vez en cuando en cosas que se alejan bastante de ese objetivo. Pero no por ello hay que perder el norte. Exige muchas horas de tiempo y sacrificio, que al no dar resultados a corto plazo puede resultar a veces exhasperante, hasta el punto de plantearse uno si realmente no está dando palos de ciego. Pero cada cierto tiempo aparece algún hecho puntual que te indica que vas por buen camino, y te reaviva las ganas de seguir implicándote al máximo. Y ello sin tener en cuenta lo que llena por sí mismo el echar la vista atrás y ver que llevas, de un modo u otro, unos años dedicándote a aquéllas cosas que te apasionan :).

Si estás estudiando o vas a empezar a estudiar, aprovecha ese tiempo valiosísimo para mantenerte activo no solo en el estudio sino en la práctica, colaborando en iniciativas que tengan que ver con tu disciplina, iniciando proyectos con compañeros tuyos, y estableciendo una relación lo más cercana posible con el docente. Adquirir los conocimientos básicos es fundamental, pero también lo es el saber cómo aplicarlos, y para ello el mejor (diría más, el único) modo es contar con la ayuda de los demás profesionales. Gestiona bien tu tiempo, y sacrifica algunos botellones con los amigos si es necesario. Nadie te va a regalar nada por tener un título, y cuanto antes te pongas manos a la obra para labrar tu futuro, menos tiempo tendrás que esperar a ver sus frutos.

No todos los actos que lleves a cabo tendrán un resultado, pero sí te da más probabilidades de éxito. El no hacer nada, en cambio, te dará tantas posibilidades de éxito como jugar un boleto de lotería.

1 thought on “Por si no te han avisado: estudiar no sirve de nada

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