¿Sabías que he publicado un libro? Se llama "Nadie debería trabajar jamás"

A raíz del post de ayer que mostraba cómo las personas que trabajaban tenían un mayor grado de satisfacción que los desempleados se ha suscitado algo de controversia en algunos casos, cuanto no perplejidad, sobretodo al ver que esto sucedía teniendo la variable sueldo controlada. Sea como fuere, creo que no fui del todo claro sobre las implicaciones que tiene este estudio y lo que puede llegar a decirnos sobre el modo con el que funcionan las sociedades.

En primer lugar, este tipo de estudios resultan imprescindibles para comprender los diferentes movimientos sociales que trascienden en la historia de las civilizaciones. Todo lo que no albergue detrás un trabajo empírico son divagaciones o disertaciones más o menos acertadas, pero soy poco partidario de dejar mucho lugar a la intuición en cuestiones de este calibre.

Y lo que se desprende en este caso permite además sacar algunas conclusiones que hacen entender por ejemplo por qué la pérdida de un empleo no es grave solo por la ausencia de un sueldo, sino que hay otros factores que determinan que la persona esté más insatisfecha con su vida.

Para mí es cuanto menos preocupante, ya que el valor del trabajo se ha elevado hasta tal punto que la ausencia del mismo resquebraja el funcionamiento de una sociedad por completo. Te defines socialmente por lo que eres laboralmente, como producto, y no por tu valor como persona.

La ausencia de empleo es también una condena a la marginalidad. El no trabajador es un producto inservible, es una carga social, sobra y además está mal visto.

También permite entender por qué las estructuras de las empresas tienden a poner tantas trabas a la conciliación de la vida familiar con la vida laboral. Viendo el papel primordial que tiene en los hombres el trabajo, y que son estos los que a día de hoy siguen mandando en la mayoría de empresas, no es de extrañar que una mujer en periodo fértil sea vista como un problema muy grave que discrimina a personas competentes.

Y del mismo modo, permite comprender también por qué los derechos de los trabajadores son tan precarios y se ven constantemente vulnerados. No resulta extraño ver como los trabajadores más rebeldes que luchan por mantener los derechos de todos sean mal vistos por sus propios compañeros. La fidelidad sectarista del trabajador con su empresa puede ser síntoma de bienestar con su actividad,  pero las más de las veces es tan solo un ejemplo claro de sumisión.

El problema de estar educados para saber servir y producir, en lugar de para aprender a vivir y convivir, es que si un individuo resulta en un momento dado inútil para la sociedad, se siente perdido y raramente apoyado. Y como no se le ha educado en exceso para crear, no tiene la más remota idea de cómo aprovechar ese tiempo libre.

Sirve por ejemplo para entender el papel marginal de los jubilados. Una vez terminada su trayectoria laboral, y aún siendo ciudadanos ejemplares y con mucho que aportar, dejan de tener un papel relevante en un estado sin que haya más motivo que el mero hecho de que ya no producen.

Se me ocurren infinidad de ejemplos que explican este fenómeno, y que seguiré explorando en próximos post, que para eso he creado esta web.

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Fotografía de Isabel Seabra

 

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