¿Sabías que he publicado un libro? Se llama "Nadie debería trabajar jamás"

Además de por la corrupción y la estafa financiera, hay algo por lo que también acabamos pagando justos por pecadores: el shoplifting o robo de productos en tiendas por parte de los consumidores.

Y es que las empresas, a la hora de poner precio a un producto, tienden a traspasar el coste de esas pérdidas de inventario sobre el consumidor poniendo un precio más elevado. La idea de base de este modelo estriba en la inevitabilidad de que este tipo de hurtos se produzcan. Hay que tener en cuenta, además, que dentro de ese precio no se tienen en cuenta solo las pérdidas de inventario, sino también la inversión en vigilancia que se lleva a cabo en la tienda. Todo ello implica un sobreprecio en el producto que no sería tal si viviéramos en un mundo donde nadie sustrajera bienes ajenos. Pero bueno, podemos entender como normal que una empresa piense que es imposible que exista un mundo como ese. Así que es comprensible que tengan en cuenta esas pérdidas.

Sin embargo, ¿Subir el precio de un producto y aumentar las medidas de seguridad es necesariamente la mejor opción desde un punto de vista económico? 

La tendencia habitual de una empresa es que, ante un aumento del robo de un producto determinado, se incremente su precio, y del mismo modo se incremente la vigilancia del producto.

Respecto al incremento del precio del producto, se lleva a a cabo para que cuando el shoplifter haga un cálculo de costes-beneficios sobre la sustracción del producto,  tenga en cuenta que la sanción puede ser mayor. Sin embargo, ese efecto no necesariamente estará presente dado que:

  • Puede que el autor del hurto no haga ningún cálculo del coste que le supondría sustraer un producto.
  • Si el aumento del precio no es elevado, el cálculo de costes-beneficios es el mismo tanto con el precio original como con el nuevo.
  • Hay efectos sobre el autor del hurto que son iguales tenga el producto un precio u otro. Por ejemplo, la humillación que puede suponer para el individuo el hecho de ser cazado sustrayendo algo, con su correspondiente detención y puesta a disposición judicial.

En cuanto al incremento de la vigilancia, ésta implica necesariamente nuevos costes en la empresa, que como ya hemos mencionado acaba asumiendo el consumidor en el precio del producto.

Gideon Yaniv (2009) propuso una medida alternativa para que una empresa se vea menos afectada ante los hurtos de clientes dentro de su empresa. De manera contraintuitiva, su idea es precisamente la opuesta: ante el incremento de hurtos de un producto, lo mejor es:

  1. Bajar el precio del producto.
  2. Reducir la vigilancia sobre el mismo.

El primer punto tiene, a pesar de todo, su lógica. Si partimos del hecho de  que una parte de esas sustracciones están destinadas a la venta ilegal del producto, bajar su precio es en realidad una buena idea, en la medida en la que al shoplifter no le saldrá tan a cuenta tomar el riesgo de sustraer el producto.

Respecto a reducción de la vigilancia, viene ligada directamente al descenso del precio de un producto. Es decir, que en tanto la reducción del valor del producto es menor, el riesgo de sustracción también desciende. Ello implica que la vigilancia puede descender, implicando menores costes económicos.

A la vez, hay otros efectos indirectos que también merecen ser mencionados:

  1. El descenso del precio de un producto puede invitar a que más clientes compren el producto, generando mayores ganancias que imponiendo un precio más elevado.
  2. Dado que a nadie le gusta sentirse vigilado, un descenso del monitoreo de una tienda puede generar un clima más amigable en ella, haciendo que los clientes se sientan más predispuestos a adquirir productos en ella.

Es importante entender aquí que esto no es una invitación a descuidar la seguridad en las tiendas. Simplemente es una propuesta para que el sobrecoste de un producto que viene como consecuencia del shoplifting sea absorbido de otro modo y no sea el cliente el que pague los platos rotos, que ya suficiente tenemos con los impuestos que pagamos a costa de otros.

Si te interesa, puedes leer sobre el robo en tiendas por parte de empleados aquí y aquí.

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