Modo Noche Claro

¿En qué momento la montaña se convirtió en un estadio para competir en lugar de un espacio para contemplar su belleza?¿Cabe la posibilidad de reivindicar una vuelta a un alpinismo lento, o la obra de Pablo Batalla es un canto al aire? 

Antes de anticipar la ¿reseña? del libro de Pablo Batalla “La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista” valga decir que quien escribe estas líneas a buen seguro guarde más de una semejanza con alguno de los seres del averno que el autor del libro crítica: los Jornets, Ajrames y Sanjuanes de turno. No tanto por las conquistas deportivas, a años luz de las de los mencionados, sino por la relación que he mantenido y mantengo con el deporte.

He corrido maratones, me encanta competir y he caído más de una vez en la trampa del discurso deportivo de superación personal. Y aunque fuera con un doble tono crítico-jocoso en torno a la alegoría deportiva dentro del discurso emprendedor, no puedo manifestar mi inocencia cuando en la portada de “Emprender en Criminología” salgo precisamente corriendo. Ni valga decir que el deporte forma una parte fundamental en mi vida y que no me gusta perder ni en las pachangas de futbito. 

Dicho lo cual, toparme con este libro supone una interpelación directa a algunas de las perversiones que estamos alcanzando con esa noción de trasladar a todos los espacios de la vida cotidiana la competitividad propia de la esfera laboral. Y cómo ese círculo vicioso en el que el deporte solo se asocia al gen hipercompetitivo termina tornando en una validación del sistema capitalista: si trabajas duro y superas tus miedos, estarás en el lugar de los ganadores; de lo contrario, pasas a formar parte de lo lumpen, de la vulgaridad. Y por supuesto, estar en uno u otro bando depende de ti como individuo.

¿Cómo se estructura la obra de Pablo Batalla

El libro cuenta con dos partes sustancialmente diferentes, tanto que incluso podrían ser independientes una de la otra, principalmente la primera sobre la segunda. 

La primera parte elabora todo un diagnóstico en torno al auge de los espacios naturales y la montaña como lugares de competición invadidos por runners, speed climbers, bikers y un compendio de sujetos terminados en -ers que suponen una antítesis con la forma tradicional de entender la montaña. La velocidad y la puesta a prueba de uno mismo es el rasgo identificativo: cada vez se quiere correr más y cada vez se quiere hacer más rápido.

Como contraparte, el autor reseña la crisis sufrida por los Clubes de Montaña, con cada vez mayores dificultades para mantener su estructura y captar adeptos. ¿La causa? El ritmo de los Clubes de Montaña parece no ser el mismo que el que buscan los nuevos invasores de la montaña, más ávidos de experiencias rápidas, que les agoten la respiración y les vacíen la mente de todo los problemas que  tienen en su día a día. 

Se podría distinguir entre un montañismo lento de tomar conciencia  frente a un montañismo de vaciar la conciencia. El segundo es una vía de escape mientras el primero sería una vía de búsqueda de significado.

La segunda parte de la obra el autor la dedica a predicar esa forma lenta de entender la montaña a través de lo que considera “Vidas ejemplares”, personas cuyas acciones o cuyo compromiso con el entorno natural que exploraban con minuciosidad de alguna forma podrían ser una fuente de inspiración o un modo de entender lo que quiere transmitir el autor con la idea del alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista. 

Así, veremos pasar por esta segunda parte las historias de figuras como Henriette d’Angeville, Casiano de Prado, Henry Moore, John Muir, John Mallory o Parvaneh Kazemi.

¿Es posible vindicar un alpinismo lento hoy en día?

Iría más allá con la pregunta ¿Es posible vindicar algo lento en la sociedad actual?

Nos hemos acostumbrado tanto a obtener pequeñas gratificaciones de poco recorrido que parece que hayamos perdido la paciencia necesaria para hacer las cosas a un ritmo más pausado, pero con la gratificación de tener un mayor grado de conciencia sobre nuestras acciones. 

Nuestro tiempo, o mejor dicho nuestra ausencia del mismo, también condiciona esa búsqueda del input placentero fugaz: nuestro día a día hace incompatible la búsqueda de actividades reposadas en las que el reloj no sea omnipresente. Tenemos vidas hiperprogramadas con un hueco tan pequeño para la ociosidad que nos vemos obligados a realizar actividades de consumo rápido. 

Se corre en la montaña porque no queda tiempo para caminar. 

¿Es posible vindicar un alpinismo ilustrado hoy en día?

Partiendo de la frase con la que cerramos la anterior cuestión: del mismo modo que se corre porque ya no queda tiempo para caminar, al no caminar se deja de pensar. Y al dejar de pensar se deja de entender la dimensión del entorno en el que se pasa veloz.

Los tiempos en los que la montaña era fuente de significación parecen quedar atrás, quedando para el autor como un producto de consumo vacuo en manos de los bobos (burgueses bohemios).

La montaña pasa a ser un escenario más, un souvenir, un lugar que ni se piensa ni se utiliza para pensar.

Un escenario que ya solo se consume.  Ya no cabe más literatura para la montaña, ahora el protagonista de la historia es el ego.

¿Es posible vindicar un alpinismo anticapitalista hoy en día?

Es fuente de crítica a lo largo de la obra la transformación de la montaña en negocio tanto a través de las figuras influyentes que se lucran con un discurso lifestyle aparentemente apolítico pero de carácter abiertamente liberal cuyo rasgo característico es la megalomanía. Figuras que incitan a la superación personal a través del autoejemplo, figuras que Batalla ve en connivencia con el egoismo de Stirner.

A ello se suma el auge de las competiciones cada vez más extremas, pensadas para que el propio participante precisamente pueda colgarse la medalla de que puede con todo en la vida: trails, ultras, titans, y toda una suerte de eventos extremos con precios prohibitivos en algunos casos y cuyo impacto en la naturaleza cuenta todavía con pocos estudios al respecto. Pruebas en las que importa más uno mismo que el territorio y la historia que lo envuelve y lo hace trascendente. 

¿Existen excepciones a este tipo de pruebas? Según menciona el propio autor, todavía queda lugar para eventos que adquieran a la vez un compromiso firme con el entorno en el que se celebran, como el caso de la Sahara Marathon. 

¿Guarda esperanza el autor por recuperar el terreno perdido de ese alpinismo lento?

Quizá si nos quedáramos solo con lo narrado en la primera parte, con la relativa al diagnóstico del estado del montañismo, la conclusión que nos llevaríamos es que el autor se muestra resignado a aceptar que reivindica una época que ya no volverá.

Sin embargo, es gracias a la segunda parte dedicada a las figuras ejemplares pasadas y presentes que Pablo Batalla parece albergar ese hueco para la esperanza. Figuras que emergen con compromiso y sacrificio ante aparentes causas perdidas pero que terminar triunfando en su empresa (ups, esto último precisamente ha quedado un poco Ajram style).

El juicio final para “La virtud en la montaña” de Pablo Batalla


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Valoración

La virtud en la montaña: por un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista
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9/10
Valoración Total
  • Tirria a Kilian Jornet
    9/10 Casi perfecto
  • Amor por la montaña
    10/10 D10S
  • Legibilidad
    9/10 Casi perfecto
  • Reflexiones
    9/10 Casi perfecto

5 razones por las que vale la pena leer el libro

  • Es un libro sincero, sin medias tintas y cargado de amor por la montaña.
  • Desentraña el vacío discurso de alguno de los referentes de ese montañismo de consumo rápido.
  • Su postura va a contracorriente y como tal dará lugar a que más de uno se dé por aludido durante su lectura.  
  • La segunda parte sobre vidas ejemplares permite de algún modo recorrer la montaña a través de figuras que para el autor merecen ser reconocidas. 
  • La dimensión de muchas de las disertaciones de Pablo Batalla va más allá de la noción de montañismo que debe pervivir.
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