Modo Noche Claro

He llegado a la conclusión de que Remedios Zafra bien podría ser nuestra Byung-Chul Han, Zizek o Bauman nacional: una ensayista capaz de vislumbrar con lucidez los matices de la precariedad en el trabajo creativo.

Lo digo con conocimiento de causa tras haber leído y quedar profundamente marcado en su momento con su libro El entusiasmo, por el que obtuvo el premio Anagrama de ensayo.

Y lo reafirmo una vez finalizada la lectura de su último libro, Frágiles, que bien podría considerarse una secuela de El entusiasmo. Una obra escrita a modo de epistolario hacia una persona que se descubre sin esperanza alguna tras leer la anterior obra de Remedios Zafra y ver descrita en ella una vida-trabajo muy similar a la suya. Una vida que a la luz de la visión arrojada por Zafra en El entusiasmo se hace a todas luces menos vivible. 

¿Dónde queda la esperanza?

Es la pregunta con la que la voz anónima interpela a Remedios Zafra y a la que ésta intenta dar salida a través de las diferentes cartas que le escribe. Y lo hace porque ese halo de esperanza no está presente en su obra anterior, con un diagnóstico lúcido sobre lo que suponen las vidas-trabajo sumidas en la maquinaria creativa. Si no has leído su obra anterior, además de recomendarte fervientemente que la leas, procuraré sintetizar en varios puntos lo que expone la autora:

  • Que el entusiasmo en el trabajo creativo conduce en el contexto actual a formas de autoexplotación, en las que se acepta siempre más trabajo del que se puede abarcar y bajo unas condiciones alejadas de ser dignificadas.
  • Que la noción de capital simbólico, donde el sueldo del trabajador creativo acaece como una cuestión secundaria cuando “el trabajo gusta” contribuye a la precarización de este tipo de trabajos.
  • Que la vida frente a las pantallas lleva a que el trabajador creativo se encuentre siempre de cuerpo presente y disponible para cualquier batalla, sin tiempo para el descanso
  • Que la exigencia a la que nos sometemos en el entorno digital nos lleva a una labor creativa caracterizada por trabajos donde premia la cantidad frente a la calidad. Se pierde profundidad y no se alcanza más que la superficie de lo que pondría en valor al ser creativo.

La primera y segunda parte de Frágiles recupera parte de ese melón abierto con El entusiasmo, recuperando muchas de las ideas en torno a la vulnerabilidad digital presentes en dicho libro. Sin embargo, no será hasta la parte V cuando Remedios Zafra dará respuesta a la pregunta sobre la esperanza en las vidas-trabajo precarias.

Eso no significa que debas pasar directamente a la parte final y que el resto del libro sea prescindible, al contrario: será difícil entender el final si no se ha desmigado con la autora todo lo que incumbe al presente del trabajo creativo.

Remedios Zafra en cuerpo

Quizá la diferencia con el libro anterior es que en esta ocasión el cuerpo de Remedios Zafra está más presente que nunca para exponer sus reflexiones.

El cuerpo supone una parte vital en la disertación que desarrolla a través de sus cartas.

Es desde la fragilidad de su cuerpo, con una gran discapacidad auditiva y visual que le obliga a ayudarse de lupas audífonos para salir adelante, desde donde construye el camino hacia la esperanza.

Es entre la tercera y la cuarta parte del libro donde descubrimos las limitaciones de Zafra en su día a día, y desde donde paradójicamente se comienza a construir esa esperanza que la voz anónima le demanda.

Cuidarnos, frenar, usar el bastón.

Las reflexiones que nos encontramos nos irán recordando de forma continuada que siempre, de un modo u otro, convivimos desde la corporeidad frágil, y esa fragilidad justamente se manifiesta en el libro cuando la autora se adentra repentinamente en el contexto de pandemia donde todo lo que discurría acelerado e incapaz de ser manejado adecuadamente se paraliza.

Para la autora supondrá una tabla de salvación, un ir despacio, una recuperación de ese tiempo valioso. Ese tiempo que se puede controlar, que es el que la autora atribuye a las personas verdaderamente libres. También es un darnos cuenta para todos que convivimos con la fragilidad y la enfermedad de nuestros cuerpos, y desde esa conciencia debemos construir ese futuro. Una fragilidad en la que tomamos conciencia de que no podemos salir adelante sin la ayuda de los otros, que nos aleja del mito capitalista del individuo hecho a sí mismo que no necesitó a nadie ni a nada para salir adelante.

Remedios Zafra en alma

Confieso que cuando leo a Remedios Zafra tengo la sensación de que me está explicando las cosas no desde una posición distante e hiperracional, sino desde la cercanía y el autorreconocimiento de estar integrada en las mismas dinámicas que describe y que procura evitar. Zafra consigue que sientas su escritura como si la tuvieras a tu lado, como si te estuviera hablando en persona, y esa es una cualidad que no suele caracterizar precisamente a los ensayos. Cuando terminas de leer a Zafra la sensación que queda no es la de haber finalizado con un libro, sino la de haber iniciado una relación de amistad, de haber encontrado a alguien con quien conectas de principio a fin.

La esperanza desde el malestar

Como no quiero desentrañar aquí un desglose al completo de lo que supone la lectura de Frágiles ni todas sus conclusiones, me quedaré tan solo con uno de los puntos que aborda en la parte final y dejaré el resto al aire para que vosotros mismos os abráis a su lectura.

Es la que tiene que ver con el sentido del malestar en la construcción de la esperanza:

“Para los outsiders la felicidad sería un producto que busca venderse pero que en su esencia no puede comprarse. Por estas razones, no debiera generarles ninguna lealtad con las fuerzas que la promueven ni , tampoco, hacerles confundir con algo negativo el imprescindible malestar que implica la conciencia cuando no esquiva lo que perturba y relativiza la felicidad. Porque esto no supone desesperanza, contrariamente esto no nos resigna”.

Remedios Zafra

Retumba en mi cabeza ese “imprescindible malestar que implica la conciencia cuando no esquiva lo que perturba”. En este sentido, la conciencia de ese malestar frente a las carencias del trabajo creativo se afronta para Zafra no como algo que hastíe y sobre lo que resignarse, sino precisamente algo que nos empuja, que nos reconduce, que nos hace frenar, a volver a empezar o a reformar parte de lo construido para avanzar hacia el lugar que algún día aspiramos a alcanzar. 

Siempre desde la autoconciencia de nuestra fragilidad, el malestar es la base que nos permite construir nuestra expectativa e intentar arreglar lo que no funciona.

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  • Te mira a los ojos con su escritura
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  • Reflexiones sobre el valor de las vidas-trabajo
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  • Reflexiones sobre cuerpo, fragilidad y vulnerabilidad
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  • Halo de esperanza
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  • Invitación a ir despacio en el trabajo creativo
    10/10 D10S
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