Oscuro Claro

Un reciente estudio de Avey, Holley y Wu (2015) publicado en el último número de la revista Journal of Business Ethics desprende unos resultados interesantísimos en torno a la relación entre jefes abusivos (que se puede definir como todo aquel jefe que tiene un comportamiento verbal y no verbal tendente a la hostilidad con el empleado), frustración en el trabajo y conductas desviadas de los empleados. En él se concluyen dos puntos que nos hacen comprender mejor ciertos comportamientos de sumisión entre empleados:

[lobo_icon size=”fa-tn” icon=”fa-long-arrow-right” color=”” break=”float”] En primer lugar, tal y como se esperaba en las hipótesis iniciales, existe una relación significativa entre tener un jefe abusivo y la existencia de una mayor tendencia a ejecutar conductas desviadas en el trabajo, desde las deficiencias en el rendimiento laboral (retrasos injustificados, ejecución pasiva de tareas), pasando por comportamientos típicos como el robo hormiga, hasta el deseo de vengarse de las putadas del jefe. Estas tendencia a las conductas desviadas está correlacionada además con la frustración en el trabajo.

[lobo_icon size=”fa-tn” icon=”fa-long-arrow-right” color=”” break=”float”] Este segundo punto resulta si cabe mucho más impactante que el primero. Aunque los autores del estudio hipotetizaron que cuanto mayor fuera la relación de dependencia del empleado con su trabajo, más aumentaría la frustración laboral provocada por el jefe abusivo, la relación es totalmente opuesta: son aquéllos que son menos dependientes de ese trabajo, y que por norma general suelen llevar menos tiempo en la empresa, los que suelen sentirse más frustrados y a reaccionar activamente ante tales abusos. Esto nos permite comprender una realidad que más de uno se habrá encontrado en alguna ocasión. Entras a trabajar en una empresa y te encuentras con que el trato que se da por parte del jefe no es todo lo adecuado que consideras. Sin embargo, la respuesta de los que llevan más tiempo en el lugar de trabajo, lejos de manifestar indignación, tiende a ser generalmente más pasiva que la tuya, o como mucho manifestando contrariedad solo de palabra. Tu reacción suele ser de estupefacción, incapaz de comprender cómo no actúan ante un comportamiento así.

Una de las explicaciones más plausibles para ese descenso paulatino de la frustración ante una conducta abusiva venida de arriba es que, ante la relación de dependencia del empleado con su puesto de trabajo, éste termina por asumir que no le queda otra opción que tener que aguantar ese tipo de comportamientos, y tolerarlos como pueda. Así, la frustración da paso a la resignación, tomando una actitud mucho más pasiva, como si se tratara de un condenado al que le toca cumplir su penitencia.

Sin embargo, la ausencia de frustración no significa que el empleado no sufra otra clase de efectos perniciosos: si bien no existen daños directos más allá de un normal descenso en su rendimiento, sí que existe un mayor riesgo a padecer trastornos psicológicos fruto del sometimiento prolongado a una conducta abusiva.

Es importante remarcar que si bien una empresa con un jefe o un cuerpo directivo que abuse de sus inferiores puede llegar a funcionar, no está claro que sean capaces de sacar el mejor rendimiento del personal. No hay que confundir el abuso de poder con la exigencia a los empleados, y en este caso está claro que las consecuencias pueden ser tremendamente dañiñas.

Así que si te encuentras con un jefe abusón, sal de allí antes de que sea demasiado tarde.

1 comentario
  1. Lo cuento aquí por que claro, busco el anonimato. Trabajo en una universidad, increíble, semillero de ideas, diversidad, respeto (ja!) pero la directora del lugar es una abusiva verbal a más no poder.

    Ya me tiene harta, he consultado con un amigo con años y una muy buena posición en la institución y que dijo “mmm… seguro la agarraste de malas, yo que tú lo dejaría pasar (otra vez…) ¿Para que harías algo? Te va a costar el puesto y se va a poner muy difícil…”

    Esto es una vergüenza, yo sí que quisiera desquitarme y dejarle claro a la fulana que aunque sea una intocable (mala suerte, su familia lo es) no todos somos unos títeres y/o unos idiotas en sus manos.

    El tema es que el sistema no ayuda, claro que no. Desde hace un rato que me había casi apertrechado en mi lugar, todos mis trabajos desacreditados, límites a todo lo que hago, problema a cada cosa que se produce desde mi lugar, todo el tiempo me están buscando bronca y nada (según ellos) hago bien…
    Caray que mal que por caerle mal a alguien los idiotas se alinean, y si eres bueno o malo en tú trabajo eso no importa. Ya lo dije y lo digo de nuevo, esto es una vergüenza social y los discursos sobre la equidad, la igualdad, la violencia de género y todo lo que conlleva son justo eso, puros discursos. Cuando de verdad la cosa se pone fea, nadie se atreve a dar la cara y el propio sistema universitario solapa a los abusivos.

    Ahora el tema es encontrar el como para denunciarlo y no salir “cornada” en la corrida, por que esto yo no me lo callo, primero por mi y luego por los otros.
    La incógnita es cómo? Cómo empiezas? Cómo denuncias? Por favor alguien que me diga.

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