¿Qué hay tras la corriente minimalista para que se haya convertido en un movimiento de moda?
Una vez más he vuelto a caer en el error de darle una oportunidad al pensamiento minimalista. De hecho quizá sea demasiado pretencioso llamarlo pensamiento minimalista, como si hubiera detrás de ello una reflexión ambiciosamente profunda.
Ya me llevé esa sensación cuando me topé con el documental Minimalismo: las cosas importantes, un acopio de testimonios de gente que decide llevar al mínimo indispensable la posesión de objetos como paso a la felicidad. Me la llevé más tarde al leer el libro Minimalismo digital: En defensa de la atención en un mundo ruidoso, una obra que presume de un método para concentrarnos en las cosas verdaderamente importantes, y que se puede sintetizar así:
- Realiza actividades físicas en sustitución de las digitales
- Planifica tu ocio
- Desinstala las aplicaciones de RRSS del smartphone
- Haz un “ayuno” de 30 días para desintoxicarte
- Limita el tiempo de uso de redes e internet a un número limitado de horas a la semana
- No interactúes mucho en redes
Ahora, a esas decepciones previas se suma la de Goodbye, things: Cómo encontrar la felicidad con el arte de lo esencial, un libro que ha sido best seller en Japón y que vuelve a decepcionar una vez más las pocas expectativas que ya tenía sobre esta corriente. Quizá esta vez ya sea culpa mía por caer tantas veces en la misma piedra.
Pero ¿Qué problema tienes con el minimalismo?
Puede parecer contradictorio, pero comulgo bastante con la parte esencial del minimalismo que apuesta por no ahogarnos en la abundancia de lo material. Quizá ese punto de partida es el que hace que me haya interesado conocer un poco mejor de qué va eso del minimalismo.
Sin embargo, veo que la trascendencia que se le da al hecho de tirar cosas y contar con lo mínimo indispensable en el hogar está algo vacía de significación. Se pretende vincular un proceso asceta no muy ambicioso con acercarse a la algo parecido a la felicidad desde una posición donde toda la responsabilidad recae en el individuo.
Por qué el minimalismo es una versión blanda del ascetismo
Si algo caracteriza al minimalismo es al hecho de atribuir cierto misticismo al hecho de deshacerse de pertenencias y conservar una pequeña parte de las posesiones. Esa mística es la que comparte con cualquier otra corriente asceta, pero la diferencia sustancial es que el minimalismo no parece renunciar a un estilo de vida materialista. Su única ambición se mueve en el hecho de acumular poco en el hogar, pero el materialismo va más allá de lo tangible o lo que poseamos. La necesidad de vivir una experiencia constante también implica de algún modo una posesión, aunque esta sea de carácter temporal. ¿Qué es sino la obsesión por viajar a cuántos más lugares mejor sino una acumulación de experiencias? El minimalismo también es consumista.
El minimalismo es connivente con un estilo de vida capitalista
Algo que me incomoda de esta corriente es que da la sensación de que el entorno social no parece tener influencia alguna en las necesidades del minimalista. Este silencio tácito tiene más de conformidad con el capitalismo que de rechazo a él. ¿Cabe conformarse con vivir en hogares de 30 metros cuadrados por muy minimalista que seas? ¿No será que precisamente el encarecimiento de la vivienda en las grandes ciudades condiciona que te acabes conformando con tener pocas posesiones en tu casa para que no te genere ansiedad el hecho de ver que no te cabe siquiera un estante con unos pocos libros?
Steve Jobs, Apple y el minimalismo
Detalle curioso: tanto en el documental sobre minimalismo como en los dos libros que he leído sobre el tema, Steve Jobs y Apple aparecían como una suerte de referentes del minimalismo. El iPhone y el MacBook parecen ser las dos herramientas indispensables que permiten llevar un estilo de vida con pocas posesiones para el minimalista (de hecho, en el libro de Fumio Sasaki estos dos gadget aparecen en la sección de agradeciemientos). También admiran, entre otras cosas, la práctica puesta de moda por Jobs o por Zuckerberg de llevar siempre una misma prenda de ropa.
Que dos de sus inspiraciones sean o hayan sido dos líderes de compañías que precisamente dominan o monopolizan gran parte del mercado tecnológico da que pensar.
A diferencia del libro sobre minimalismo digital previamente mencionado, en la obra de Fumio Sasaki no hay un atisbo de reflexión en lo referente a la acumulación que también se da en el mundo digital: de likes, de "amistades", de seguidores, de apps, de notificaciones, de correos por contestar, etc. Que no se puedan palpar no quiere decir que no lleguen a generar tanta o más ansiedad que el hecho de acumular mucha ropa o muchos libros.
¿Hay algo en lo que concuerdes con el minimalismo?
Como no todo va a ser malo, coincido en que:
- Más posesiones implican más preocupaciones.
- Nuestra necesidad de conservar más de lo que nos hace falta es difícil de justificar.
A pesar de la crítica, si queréis juzgar por vosotros mismos podéis leerlo en versión digital o en papel. Si eres miembro de Amazon Prime puedes leerlo gratis en formato digital.
El juicio final sobre "Goodbye, Things. cómo encontrar la felicidad con el arte de lo esencial"…
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